Breviario
El salto del renacuajo
Juan Manuel Pombo
Un recorrido por la biblioteca de su infancia lleva al autor a volver sobre ese punto en que los libros convierten a los niños en lectores.
No se recuerda con suficiente frecuencia que los niños son un invento que apenas si tiene un par de años más que el bombillo o el avión. En la vida real de la burguesía europea ya bien consolidada del siglo XIX, y en la mayoría de sus novelas, los niños eran sobre todo un asunto de nodrizas y tutores cuando no de la servidumbre a secas. Ahora, en aquellos hogares en donde no había con qué, pues los niños eran trasunto de niños, niños fending for themselves, como los de Dickens, es decir, valiéndose por sí mismos contra viento y marea... algunas veces con la ayuda de sus madres y pare de contar.
De alguna manera me parece que bien se le puede atribuir a Freud el descubrimiento (o invento) simultáneo tanto de los niños y la infancia como del inconsciente. Él los puso en el mapa. Y hoy ocupan un verdadero continente, si no, que lo digan las casas editoriales y Disney, los psicólogos y terapeutas, los dueños de jardines y pre-pre-escolares y hasta las clínicas de estimulación temprana para prenatos. La industria de la infancia quizá todavía no mueva los trillones astronómicos que mueven las de las drogas, las armas y el petróleo, pero debe andar muy a la par de las industrias de confección y los electrodomésticos.
Dicho lo anterior, valga agregar que estoy convencido de que el interés por la infancia que ha mostrado el hombre durante los últimos ciento y pico de años ha sido un paso importante en nuestro perenne afán por salir de la caverna y pasar a la luz: la seguridad con la que, hoy por hoy, las criaturitas de siete años o menos preguntan, opinan, defienden, marcan e invaden territorios, imponen regímenes alimenticios y de toda otra índole, dan saltos mortales y montan en patineta, contestan al teléfono, manejan computadores y celulares, etc., francamente me deja estupefacto. Por no hablar de que el 70% de los libros que veo rodando por ahí en los pisos de apartamentos y casas, en los anaqueles de las bibliotecas privadas y en algunas de las públicas, en las guanteras y asientos traseros de los carros y hasta en las manos de niños y madres que en la otra empuñan ositos de felpa o arrastran un coche ergonómico y un perro, son libros infantiles. Por cada cuarenta cuentos de hadas y diez aventuras de Harry Potter, apenas si se cruza uno por ahí con una novela de alguno de los adultos implicados escrita por Dostoievski, Tolstói o Flaubert.
Cosa que me lleva a pensar que la primera generación de lectores colombianos en serio, y que se ha venido gestando en los últimos treinta años resultado del esfuerzo conjunto de abuelas y abuelos de avanzada; madres y padres ansiosos; editoriales progresistas, comerciales o piratas; autores buenos, regulares y malos; propaganda, inercia, ignorancia etc., dará fruto en los próximos diez o quince años.
Ahora bien, lo garantizo, esto no se traducirá en mejores seres humanos, ni siquiera en mejores ciudadanos; está visto que es posible conmoverse hasta las lágrimas oyendo el Mesías de Handel mientras se observa una cola de hombres, mujeres y niños famélicos ingresando a hornos crematorios muy sofisticados. Pero también garantizo que serán colombianos entre los cuales pronunciar la palabra “hecatombe” no será una “hecatombe” y por lo tanto el debate, cualquier debate, político, social, económico, deportivo o estético será mucho más elaborado que el discurso al que nos tienen acostumbrados nuestros actuales políticos y periódicos... y todos, políticos, prensa y radio tendrán que hacer algo si no quieren ser arrojados al Hades de la insignificancia, el desinterés y el olvido. Será una generación entera que despachará un periódico como los que hoy circulan en este país en los siete u ocho minutos que en verdad merecen y les corresponden.
Sin embargo, esa futura primera generación de colombianos lectores, no se le deberá del todo a Freud y a los departamentos y secciones de literatura infantil de editoriales y bibliotecas. En el proceso de gestación de un lector siguen cumpliendo un papel de primerísima importancia la mayoría de las madres, quienes nos enseñan la parla. Me es fácil imaginar, hace cuarenta mil años, una madre saliendo de una antigua y oscura cueva, con un crío de la mano que apenas si le llega a las rodillas, prestando genuina atención a los gruñidos del renacuajo... tal y como lo hacen hoy en los parques urbanos. Porque es en esa temprana transacción que el verbo se transmite y se hace carne. Las palabras, antes que nada, son ruido, sonido. El primer embrujo con las palabras, condición sine qua non del buen lector, proviene de la recitación oral de poemas infantiles, trabalenguas y adivinanzas. El placer que hoy me da la lectura, se lo debo, para empezar, a mi madre repitiendo los tres tristes tigres comiendo trigo en un trigal, recitando los versos enigmáticos del renacuajo paseador con un amigo que rabia de calor (creo que este último verbo lo llegue a entender como tal solo hasta después de haber devorado Los hermanos Karamazov) y los versos tristes del payaso Garrick; mi madre, cantando en los viajes por carretera la vaca lechera y allá en el rancho grande donde hacían calzones que empezaban de lana y terminaban de cuero.
Así fue la cosa: del trabalenguas y Rin Rin Renacuajo a los viajes de Marco Polo en una edición ilustrada a todo color que ya podía gozar con cierta autonomía de vuelo, y de allí a Corazón de Edmudo de Amicis y las aventuras de los Hardy Boys y toda la colección de Tintín. Punto en el cual se llega a otra encrucijada vital en la gestación del verdadero, del buen lector: el salto mortal a la novela adulta de gran envergadura. En mi caso personal el feliz trampolín fue Demian, de Herman Hesse. Aquella lectura fue Troya para mi alma, que acto seguido pasó al Lobo estepario, al Juego de los abalorios y Siddharta y Crimen y castigo y ya el camino no tuvo regreso. Demian no llegó por mi madre ni mi padre ni los profesores del colegio; cayó en mis manos gracias a un amigo sin más propósito que, quizá, escandalizarme... o por puro azar, que es como yo creo que de ahí en adelante más o menos nos siguen llegando los libros hasta el final de nuestros días. Esa encrucijada, ese salto mortal, depende, como en cualquier deporte, de la temperatura medioambiental, la humedad, la hora del día y la presencia de unas cuantas páginas capaces de darnos un tremendo revolcón. Y generalmente ese salto se da (o no se da) entre los doce y los catorce años... el inicio de la bigotación.
Se me antoja una biblioteca de textos exclusivamente escogidos para ofrecer en ese justo momento y lugar, para que el preadolescente ligeramente inquieto cierre los ojos, estire el brazo, saque uno y mire a ver cómo le va. Claro, allí tendría a Demian... e, imagino ahora, una colección de fragmentos puntuales tomados de las grandes novelas con ese propósito. Publicaría, solo, el capítulo de Los hermanos Karamazov en el que Aliosha, ese ángel, visita la casa del niño que le arrojó una piedra. Es una bomba emocional y un fragmento casi del todo autónomo. Las tres veces que lo he leído he llorado como cuando leí Corazón solo que cada vez más, mucho más viejo... y siempre quedo de nuevo reconciliado, por un rato, con mis entrañas y la humanidad.
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miércoles, 23 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ
Oh Glorioso Patriarca San José, heme aquí, postrado de rodillas ante vuestra presencia, para pediros vuestra protección.Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía. Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo y mi alma, propiedad, vida y salud. Aceptadme como hijo vuestro. Preservadme de todos los peligros, asec ...hanzas y lazos del enemigo. Asistidme en todo momento y ante todo en la hora de mi muerte. Amén
viernes, 18 de marzo de 2011
Soneto a Samuel Moreno
Por Daniel Samper Ospina
(Hoy x Hoy, 18/03/11)
Dios te salve Samuel, flor sin ingenio;
Terremoto hecho hombre, caos con canas;
Sangre sin ilusiones ni almorranas
Gracia eterna, oh Samuel, de las tajadas;Hijo, más que del papi, de la mami,
Oh encarnación fatal del gran tsunami
De nuestras calles rotas y estancadas.
(Hoy x Hoy, 18/03/11)
Dios te salve Samuel, flor sin ingenio;
Terremoto hecho hombre, caos con canas;
Sangre sin ilusiones ni almorranas
Patrono del desorden transmilenio.
Gracia eterna, oh Samuel, de las tajadas;
Oh encarnación fatal del gran tsunami
De nuestras calles rotas y estancadas.
Oh emperador del sol de nuestro oriente
Hoy te celebro en son grandilocuente,
Dios te salve Samuel, aquí o allá.
Te celebro en el verso en que te escribo,
Oh hermano de tu hermano radioactivo,
Porque eres el Japón de Bogotá
miércoles, 16 de marzo de 2011
FILOSOFIA
“Filosofía”, en el sentido vago y corriente de la palabra, acontece doquiera el hombre cavila sobre sí, doquiera se queda consternado ante la incomprensibilidad de su estar-aquí, doquiera las preguntas por el sentido de la vida emergen desde su corazón acongojado y trémulo. De este modo se le ha cruzado la filosofía casi a cada hombre alguna vez – como un sobresalto que nos estremece de súbito, como una aflicción y melancolía al parecer sin fundamento, como pregunta inquieta, como una sombra oscura sobre nuestro paisaje vital. Alguna vez toca a cada quien, tiene muchos rostros y máscaras, conocidas e inquietantes, y tiene para cada uno una propia voz, con la cual lo llama”.
Eugen Fink,
Fenómenos fundamentales de la existencia humana
martes, 15 de marzo de 2011
DEL AMOR EN MUCHOS AÑOS
Una vez siendo joven le seguí,
Cual ceniza en el viento, sin sentido
Tras El fui con locura y ansia cruel
Por su boca beber sin conocer.
Alguna vez, ingrata, me ausente
Más El, con el sol viajó y en su tibieza
Acarició mi piel y en delirio me ganó.
Otra vez, incierta, me perdí,
Pero puso una estrella que me guió
De la mano a aquel nido, otra vez.
Ahora que las canas atacan y la risa,
De arrugas se cubre cada día,
Junto a mí sigue, fiel y firme,
¡Hasta el fin!, me promete en su mirada.
ANONIMO 7
Cual ceniza en el viento, sin sentido
Tras El fui con locura y ansia cruel
Por su boca beber sin conocer.
Alguna vez, ingrata, me ausente
Más El, con el sol viajó y en su tibieza
Acarició mi piel y en delirio me ganó.
Otra vez, incierta, me perdí,
Pero puso una estrella que me guió
De la mano a aquel nido, otra vez.
Ahora que las canas atacan y la risa,
De arrugas se cubre cada día,
Junto a mí sigue, fiel y firme,
¡Hasta el fin!, me promete en su mirada.
ANONIMO 7
miércoles, 9 de marzo de 2011
LOS POLITICOS SINCEROS
LEER DE ARRIBA HACIA ABAJO Y LUEGO DE ABAJO
HACIA ARRIBA
Con cariño: Los Políticos
Nosotros cumplimos con lo que prometemos.
Sólo los necios pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transparencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean - o añoran - que
se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.
No permitiremos de ningún modo que
nuestros niños mueran de hambre..
Cumpliremos nuestros propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
Comprendan desde ahora que
Somos la 'nueva política'.
HACIA ARRIBA
Con cariño: Los Políticos
Nosotros cumplimos con lo que prometemos.
Sólo los necios pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transparencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean - o añoran - que
se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.
No permitiremos de ningún modo que
nuestros niños mueran de hambre..
Cumpliremos nuestros propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
Comprendan desde ahora que
Somos la 'nueva política'.
sábado, 5 de marzo de 2011
EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA (por Gabriel García Márquez)
Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, si los rollitos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia o bulimia, si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas o tapada ocultando tu cuerpo, si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas, si sabes cómo se prepara un arroz, si puedes preparar un almuerzo completo con postre, si tu prioridad no es ser rubia a como de lugar, si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar de primera al gimnasio, si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo, sin una gota de maquillaje en el rostro... ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN... Eres una mujer exquisita! Una mujer exquisita no es aquélla que más hombres tiene a sus pies; sino aquélla que tiene uno sólo que la hace realmente feliz. Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo; es aquélla que con tan sólo una franca y abierta sonrisa, con una simple caricia y un buen consejo puede alegrarte la vida. Una mujer valiosa no es aquélla que tiene más títulos, ni más cargos académicos; Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes... y los que estamos fuera de foco somos los hombres); sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama. Una mujer interesante no es aquélla que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia; es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO. Y un HOMBRE... UN HOMBRE EXQUISITO es aquél que valora a una mujer así. Que se siente orgulloso de tenerla como compañera... Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y tender la ropa, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes... La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser "muy machas" nos llevan un gran recorrido... ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el "regalo" solamente por la vistosidad de su empaque...! Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisito manjar en su casa.
viernes, 4 de marzo de 2011
El fondo del cielo, Rodrigo Fresán
Estoy atravesando lo que he resuelto denominar como ‘ fiebre Fresán’ , fruto de un re- descubrimiento tardío que, así lo ha querido el azar (o, desde un punto de vista más prosaico, Anagrama y Mondadori), me ha situado en el comienzo y el final del autor (más que final, última parada conocida pero con inevitable continuidad). El tiempo se contrae y pone sobre la mesa un pasado, actualizado, de dieciocho años y un presente del ya agónico 2009. Se reedita Historia argentina (nueva cara, nueva colección, cuento nuevo) y aparece El fondo del cielo; confluyen en un mismo punto el debut de Rodrigo Fresán como escritor y su novela más reciente, seis libros e incontables artículos, traducciones y estudios sobre
otros, entremedias. Y es curioso que precisamente esta coincidencia espacio-temporal se produzca entre dos textos tan marcados por esos dos factores, el espacio y el tiempo. ‘ Historia argentina’ queda definida en su título: palabras situadas al sur, durante un periodo (triste y atroz) que marcó el después de un país. Mientras, ‘ El fondo del cielo’ está inundado de palabras que cuentan y dicen muchas cosas, pero que, sobre todo, hablan del lugar y del momento, ambos variables, alternativos, con muchos comienzos y finales. ‘ El fondo del cielo’ se inició hace dos años como un tentativo ‘ Tsunami’ , allá por la muerte de Kurt Vonnegut (referencia omnipresente y siempre agradecida por Fresán), y concluyó, con varias páginas menos, coincidiendo con la muerte de J. G. Ballard (también referenciado y agradecido). Me pregunto si, cuando dentro de unos años, se publique la segunda edición ésta habrá sido aumentada y re-explorada, como ya es habitual en el argentino.
otros, entremedias. Y es curioso que precisamente esta coincidencia espacio-temporal se produzca entre dos textos tan marcados por esos dos factores, el espacio y el tiempo. ‘ Historia argentina’ queda definida en su título: palabras situadas al sur, durante un periodo (triste y atroz) que marcó el después de un país. Mientras, ‘ El fondo del cielo’ está inundado de palabras que cuentan y dicen muchas cosas, pero que, sobre todo, hablan del lugar y del momento, ambos variables, alternativos, con muchos comienzos y finales. ‘ El fondo del cielo’ se inició hace dos años como un tentativo ‘ Tsunami’ , allá por la muerte de Kurt Vonnegut (referencia omnipresente y siempre agradecida por Fresán), y concluyó, con varias páginas menos, coincidiendo con la muerte de J. G. Ballard (también referenciado y agradecido). Me pregunto si, cuando dentro de unos años, se publique la segunda edición ésta habrá sido aumentada y re-explorada, como ya es habitual en el argentino.
Wikileaks
Revista El Malpensante De repente uno puede conocer secretos de Estado, informes clasificados,
chismorreos políticos, evidencias contundentes...
verdades que aunque fueran vox populi nunca
contaban con respaldo documental. WikiLeaks, de la
mano de Julian Assange, abre esa caja oscura. ¿Qué
representa para "la verdad", la seguridad nacional y el libre acceso a la información? El Malpensante.com - ¿Qué hay de nuevo en
WikiLeaks? elmalpensante.com
chismorreos políticos, evidencias contundentes...
verdades que aunque fueran vox populi nunca
contaban con respaldo documental. WikiLeaks, de la
mano de Julian Assange, abre esa caja oscura. ¿Qué
representa para "la verdad", la seguridad nacional y el libre acceso a la información? El Malpensante.com - ¿Qué hay de nuevo en
WikiLeaks? elmalpensante.com
martes, 20 de julio de 2010
CELEBRACION DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA-2010
Nos unimos como Institucion Educativa, toda la comunidad para con orgullo celebrar nuestra Independencia junto con nuestra ciudad Girardot, pero pensemos en verdad como es nuestro patriotismo, como es el patriotismo de nuestros dirigentes politicos; sera que todos obramos como nuestros proceres defendiendo nuestra patria o socabamos en sus entrañas y secuestramos, robamos y hasta vendemos nuestra patria amada?
200 años de independencia o son solo años de dependencia?
domingo, 18 de julio de 2010
Grandes escritores que nunca obtuvieron un Nobel
Gabriella Campbell el 14 de Julio de 2010 en Autores, Premios Literarios
El año pasado, la página web compiladora de listas por excelencia, Listverse, publicó un artículo con los que concebía como los diez escritores más merecedores del Premio Nobel de Literatura que no habían llegado a conseguirlo. Seguramente, desde España, diríamos alguno más que se quedó en el tintero, pero éstos son los que ellos eligieron:
-Jorge Luis Borges. Borges se ha convertido en un auténtico referente cultural, y muchos de nosotros podemos preguntarnos exactamente por qué este icono literario no consiguió el anhelado galardón. La razón parece ser meramente política: al jurado no le gustó el apoyo que el escritor prestó al dictador chileno argentino Pinochet y a otros dirigentes de extrema derecha.
-Vladimir Nabokov. Muchos se cuestionan por qué el escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense, no obtuvo el galardón al estar nominado para ello en 1974 (al que también estuvo nominado Graham Greene), y las malas lenguas señalan que los que finalmente ganaron, de forma conjunta, Eyvind Johnson y Harry Martinson, lo hicieron gracias a que pertenecían al propio comité seleccionador del premio.
-W. H. Auden. Aunque para nosotros es menos conocido, Auden tuvo (y tiene) un inmenso peso en el mundo anglosajón, influyendo notablemente en el mundo poético. Sin embargo, una serie de errores que cometió al traducir una obra del ganador del Nobel de la Paz, Dag Hammarskjold, y su adherencia al rumor acerca de la homosexualidad de éste, le granjearon significativas antipatías que podrían haberle evitado ser galardonado.
-Robert Frost. Y ya que estamos en el tema de grandes poetas anglosajones, muchos se preguntan por qué uno de los más grandes no consiguió nunca el premio literario por excelencia. Frost obtuvo nada menos que cuatro Premios Pulitzer, pero esto no hizo inmutarse al comité sueco, que consiguió ignorarlo durante unos veinte años.
-Emile Zola. El grande del naturalismo, el excelente Zola, no fue premio Nobel. El porqué responde a una tonta confusión que le costó el trofeo a varios escritores más: una mala interpretación de la voluntad del difunto Alfred Nobel, quien estipuló que el Premio de Literatura fuera entregado a escritores con “la obra más notable de tendencia idealista”. El comité seleccionador, durante muchos años, interpretó esto de una forma política, manifestando que el autor galardonado debía cumplir con una serie de requisitos ideológicos ejemplares.
-Henrik Ibsen. Ibsen, el gran dramaturgo noruego, fue víctima también de esta confusión absurda. Los seleccionadores decidieron que no estaba “conduciendo al mundo literario en la dirección adecuada”, y fue sistemáticamente ignorado para el premio.
-Marcel Proust. El famoso autor de En busca del tiempo perdido fue también pasado por alto, aunque estuvo nominado en 1920. Se cree que perdió debido a que el ganador, Knut Hamsun, era de nacionalidad noruega, por lo que parece ser le era más simpático al comité sueco que el francés Proust.
-James Joyce. Nadie sabe muy bien por qué Joyce fue también olvidado. Considerado hoy en día uno de los mayores escritores de nuestro tiempo, nunca consiguió el ansiado premio.
-Leo Tolstoi. Nominado por muchos a mejor novelista de la historia, no pudo convencer al comité del Nobel, quien argumentó lo mismo que con Zola e Ibsen, marcando al célebre autor ruso como una víctima más de la controvertida y mal entendida última voluntad del creador del premio.
-Mark Twain. Es posible que aquí sea más que obvia la preferencia de los estadounidenses por su autor favorito. Si bien para los europeos Twain no es un escritor tremendamente relevante, para los lectores de Estados Unidos se trata de uno de los autores más influyentes de su historia. A éstos no parece hacerles mucha gracia que su escritor fetiche haya sido vencido repetidamente, en un total de diez ocasiones, quedándose sin premio.
¿Qué otros escritores, ya fallecidos, pensáis que merecían un Nobel pero nunca llegaron a recibirlo? ¿Conocéis otras posibles razones por las que los escritores mencionados no llegaran a tener el galardón en sus manos?
El año pasado, la página web compiladora de listas por excelencia, Listverse, publicó un artículo con los que concebía como los diez escritores más merecedores del Premio Nobel de Literatura que no habían llegado a conseguirlo. Seguramente, desde España, diríamos alguno más que se quedó en el tintero, pero éstos son los que ellos eligieron:
-Jorge Luis Borges. Borges se ha convertido en un auténtico referente cultural, y muchos de nosotros podemos preguntarnos exactamente por qué este icono literario no consiguió el anhelado galardón. La razón parece ser meramente política: al jurado no le gustó el apoyo que el escritor prestó al dictador chileno argentino Pinochet y a otros dirigentes de extrema derecha.
-Vladimir Nabokov. Muchos se cuestionan por qué el escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense, no obtuvo el galardón al estar nominado para ello en 1974 (al que también estuvo nominado Graham Greene), y las malas lenguas señalan que los que finalmente ganaron, de forma conjunta, Eyvind Johnson y Harry Martinson, lo hicieron gracias a que pertenecían al propio comité seleccionador del premio.
-W. H. Auden. Aunque para nosotros es menos conocido, Auden tuvo (y tiene) un inmenso peso en el mundo anglosajón, influyendo notablemente en el mundo poético. Sin embargo, una serie de errores que cometió al traducir una obra del ganador del Nobel de la Paz, Dag Hammarskjold, y su adherencia al rumor acerca de la homosexualidad de éste, le granjearon significativas antipatías que podrían haberle evitado ser galardonado.
-Robert Frost. Y ya que estamos en el tema de grandes poetas anglosajones, muchos se preguntan por qué uno de los más grandes no consiguió nunca el premio literario por excelencia. Frost obtuvo nada menos que cuatro Premios Pulitzer, pero esto no hizo inmutarse al comité sueco, que consiguió ignorarlo durante unos veinte años.
-Emile Zola. El grande del naturalismo, el excelente Zola, no fue premio Nobel. El porqué responde a una tonta confusión que le costó el trofeo a varios escritores más: una mala interpretación de la voluntad del difunto Alfred Nobel, quien estipuló que el Premio de Literatura fuera entregado a escritores con “la obra más notable de tendencia idealista”. El comité seleccionador, durante muchos años, interpretó esto de una forma política, manifestando que el autor galardonado debía cumplir con una serie de requisitos ideológicos ejemplares.
-Henrik Ibsen. Ibsen, el gran dramaturgo noruego, fue víctima también de esta confusión absurda. Los seleccionadores decidieron que no estaba “conduciendo al mundo literario en la dirección adecuada”, y fue sistemáticamente ignorado para el premio.
-Marcel Proust. El famoso autor de En busca del tiempo perdido fue también pasado por alto, aunque estuvo nominado en 1920. Se cree que perdió debido a que el ganador, Knut Hamsun, era de nacionalidad noruega, por lo que parece ser le era más simpático al comité sueco que el francés Proust.
-James Joyce. Nadie sabe muy bien por qué Joyce fue también olvidado. Considerado hoy en día uno de los mayores escritores de nuestro tiempo, nunca consiguió el ansiado premio.
-Leo Tolstoi. Nominado por muchos a mejor novelista de la historia, no pudo convencer al comité del Nobel, quien argumentó lo mismo que con Zola e Ibsen, marcando al célebre autor ruso como una víctima más de la controvertida y mal entendida última voluntad del creador del premio.
-Mark Twain. Es posible que aquí sea más que obvia la preferencia de los estadounidenses por su autor favorito. Si bien para los europeos Twain no es un escritor tremendamente relevante, para los lectores de Estados Unidos se trata de uno de los autores más influyentes de su historia. A éstos no parece hacerles mucha gracia que su escritor fetiche haya sido vencido repetidamente, en un total de diez ocasiones, quedándose sin premio.
¿Qué otros escritores, ya fallecidos, pensáis que merecían un Nobel pero nunca llegaron a recibirlo? ¿Conocéis otras posibles razones por las que los escritores mencionados no llegaran a tener el galardón en sus manos?
Poética del espacio en Blanchot y Sloterdijk; Hacia un encuentro de otredades entre filosofía y literatura1
Dr. © Rolando Garrido Quiroz - Instituto de Literatura - Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Resumen
El espacio que se manifiesta entre escritura y lectura es constitutivo de placer, éxtasis, atracción. Tal deseo y anhelo de atrapamiento, de entrecruce efectivo, se distancia o pospone en el juego del lenguaje, en la medida que se dispersa y se convierte en devenir para Blanchot. Asimismo, la metafórica a la que recurre Sloterdijk para referirse a la condición humana de un hábitat que sustente la complementariedad diádica o en comunidades, refleja un efecto similar; quien desee seguridad frente a la exposición, a la incertidumbre, factualiza su propia inestabilidad, inhibiendo su estrategia de hábitat confortable al virtualizar su libertad. Esa condición de desplazamiento, ya sea en El Libro que Vendrá de Blanchot o en las Esferas de Sloterdijk proveen en común, una reflexión sobre el espacio poético o extático como arena del ser, siendo una propiedad del lenguaje la que hace posible el encuentro hacia delante o hacia afuera y el reconocimiento de otredad devenida en experiencia a la intemperie.
Abstract
The space that pronounces between writing and reading is constituent of pleasing, ecstasy, attraction. Such desire and yearning of atrapamiento, of intercross cash, distance or are posponed in the game of the language, in the measurement that disperses and it becomes happening for Blanchot. Also, metaphorical to that Sloterdijk resorts to talk about to the human condition of a habitat that sustains the dyadic complementariness or in communities, reflects a similar effect; who wishes security against the exhibition, to the uncertainty, factualiza his own instability, inhibiting its strategy of comfortable habitat when virtualizing its freedom. That condition of displacement, or in the Book that Will come from Blanchot or in the Spheres of Sloterdijk provides common, a reflection on poetic or extático space like sand of the being, being a property of the language the one that makes the encounter forwards possible or towards outside and the recognition of otredad happened in experience outdoors.
Palabras Claves
Poética, espacio literario, devenir, dispersión, esferas, lenguaje, pensamiento.
Keywords
Poetic, literary space, to happen, dispersion, spheres, language, thought.
La teoría sobre la literatura, la podemos entender como el esfuerzo de aproximarse mediante determinadas prescripciones instrumentales al fenómeno de lo literario como textura especial y espacial, distinta a otras texturas, respecto de la cual, para asumir el objeto de estudio, se requiere de aproximaciones que sitúan distintos focos de atención, intentando dar cuenta de incluyentes o excluyentes abordajes en relación al lenguaje, el texto, el contexto y la función que desempeña el autor, su escritura y lectura.
De tal manera, los lentes, entendidos como prescripciones instrumentales o caja de herramientas, que utiliza el investigador del fenómeno literario, encuadra, restrictiva o panorámicamente su objeto de estudio, según los supuestos teóricos que se adoptan o adaptan. En tal sentido, uno de los enfoques que rompe con la tradición en los estudios literarios de manera temprana es Maurice Blanchot situando su foco de atención en el espacio literario y lo sugerente de sus ideas para reconocer las aproximaciones que hace posteriormente Peter Sloterdijk y su metafórica de la condición humana como una poética del espacio en donde gravita la experiencia realizada como lenguaje y posibilidad de hábitat, cuyo pensamiento versa sobre las situaciones tonales o las relaciones totales microclimáticas en las que los hombres viven, se entretejen y son.
Asimismo, contemporáneo a Blanchot, quien se atrevió a escribir de manera manifiesta sobre la Poética del Espacio fue Gaston Bachelard, quien con su libro homónimo rompe con su propia tradición de abordar la tarea de filosofar adscrito al canon científico. Al respecto, Bachelard en la introducción a su Poética nos plantea que se hace necesario romper con todos sus hábitos de investigación científica si se quiere estudiar los problemas planteados por la imaginación poética. Bachelard concretiza su ruptura advirtiendo:
“Aquí, el culto pasado no cuenta, el largo esfuerzo de los enlaces y las construcciones de pensamientos, el esfuerzo de meses y años resulta ineficaz. Hay que estar en el presente, en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.”2
Para Bachelard la imagen poética tiene una sonoridad de ser, así, el poeta habla en el umbral del ser y, en ese sentido, Bachelard se propone investigar su resonancia, siendo la comunicabilidad de una imagen singular, un hecho de gran significado ontológico.
Para situarse en una poética del espacio, cambia necesariamente el foco de atención del tiempo al espacio, pero, al mismo tiempo, y en el mismo proceso de ruptura, sea para Bachelard, Blanchot o Sloterdijk, cambia en lo fundamental, el habla que hace referencia a este fenómeno, que no se puede sino explicar desde el lenguaje, por tanto, parte del rechazo o demora a comprender en su magnitud una poética del espacio, viene dado por la incapacidad de sintonizar desde la tradición, sea filosófica o literaria la frecuencia en que han transmitido estas hablas y sus diversas tonalidades.
Por su parte, Blanchot nos plantea que el imaginario es anterior a cualquier semiosis, por lo tanto no puede haber oposición. El espacio literario (el libro) evidencia que es la dispersión la que evita que pensemos en opuestos. Para Blanchot, la lengua es un sistema de relaciones espaciales infinitamente complejas cuya originalidad no nos permite recobrar ni el espacio geométrico.
Blanchot se sitúa, antes de que se asumieran las posturas post-estructuralistas, en una poética del espacio con una pretensión pre y post-sígnica, obviamente, recurriendo al lenguaje o, como el último de los malditos, al maldito lenguaje.
Muy posterior al año en que Blanchot publica El Libro que Vendrá, el post-estructuralismo negará el dominio de los signos, dando cuenta de la desmesura del proyecto estructuralista positivista. De tal manera, constatamos, al salir del efecto paradigma saussuriano que el sistema lingüístico se dispersa, no es posible en el habla la convencionalidad del sistema, es decir, no se puede dar cuenta de la naturaleza estable del signo cuando trabaja con sistemas estéticos. Ya lo habían planteado en distintos tonos y focos de atención, tanto los formalistas rusos con su idea de función, Mukarovski desde sus estructuras dinámicas, Lotman y sus propuestas sobre texto artístico y Barthes con su particular concepto de escritura.
El post-estructuralismo pone de manifiesto la naturaleza inestable del signo, introduciendo la idea de sujeto en curso, como discurso no impersonal y autónomo, sino articulado con otros sistemas y procesos subjetivos. El post-estructuralismo se da cuenta que los estructuralistas trabaja con oposiciones de carácter ideológicas. Deshacer las oposiciones requiere de otra forma de trabajar sobre o con los textos. El post-estructuralismo da cuenta cómo las oposiciones se trastocan y se desploman, desplazando lo marginal. La lectura hace volver los detalles marginales para que sigan causando molestia, poniendo en tela de juicio sus sistemas de lógica o callejones sin salida del significado.
Desde esta perspectiva teórica, la escritura se libera de toda lógica, el significado fluctúa, se derrama, se dispersa o atenúa. Derrida habla de diseminación, Blanchot de dispersión. La escritura opera recurriendo a la diferencia, pero hay que considerar que la diferencia no es un concepto en si mismo, no se puede pensar, es el texto el que lo dice, pero no lo puede decir (espacio literario o canto de las sirenas en Blanchot). El texto despliega un excedente, que a su vez se extralimita del significado, resultando evidente en el discurso literario. Asimismo, la aparición del concepto escritura, encierra su diferencia con el de estructura (centro) ya que la escritura pospone, difiere. Así, el acto de la escritura (delirante, caótica) nos libera del poder del logocentrismo.
La idea de espacio literario en Blanchot no ofrece una plenitud, sino una brecha. En su ensayo sobre Artaud subraya la imposibilidad de acercarnos al misterio del lenguaje, es decir, las palabras extraen de las cosas lo sólidamente invisible que es su esencia. La literatura opera con el lenguaje, pero éste niega la inmediatez de las cosas al nombrarlas, al convertirlas en ausencia, por lo tanto, la única manera de alcanzar la ilusión de claridad, sería dando paso al devenir. Las cosas no son, devienen, y en este devenir, están en libertad, en movimiento, el eterno desplazamiento que oculta el misterio del lenguaje y una encrucijada para la literatura, encaminada hacia su mismidad, lo que para él significa, su desaparición. La literatura es enmascaramiento. Así podemos entender el carácter dramático de la literatura, pues nos conduce hacia un horizonte inalcanzable, a un sentido siempre abierto.
El análisis literario no podría tener nunca término, no puede siquiera aspirar a un término, y la escritura misma debe encarnar esta condición abierta, en estado de tránsito, imposible de aprehender, elusiva, en fuga por esta propiedad el lenguaje. Sin embargo, Blanchot insinúa que habría un lugar de encuentro, un espacio, donde la condición abierta de la literatura tendría su posibilidad, esto es, el proceso de lectura. De igual forma, entre el anónimo escritor y el desconocido lector se teje la posibilidad que ofrece el lenguaje de dispersarse. El afán de sentido es lo que cierra toda obra abierta, el afán tan humano de cerrar, de fijar, de establecer una lucha por encontrar una matriz de sentido, un centro que ordene lo que en sí no tiene orden, lo que en sí conlleva multiplicidad de sentidos, pospuesto, escondido hasta desaparecer.
Es en el espacio literario donde se configura la escritura del autor (de hecho ahí vive el mismo) y la lectura, dentro de ese espacio ficticio construido, condición diádica (escritura/lectura) que es puro placer. En el placer no hay sistema, no hay orden, no hay signos. Este placer es inconciente, sin culpas ni reglas. Es atracción peligrosa, indebida, inalcanzable.
En la poética de Blanchot, el espacio para este placer es el espacio ficticio que nos da el libro, con sus propias reglas y valores. Fuera de él no hay autor, no hay lector, no hay nada, páginas vacías hasta que se constituya la experiencia.
Para Sabrovsky, en su Bosquejo para una Ética de Inmortales ejemplifica, con la obra de Borges, la forma en la cual se plasma la idea de espacio literario de Blanchot. Al respecto señala:
“El inmortal" puede ser leído como una parábola sobre la escritura: sobre la relación entre el espacio literario (Blanchot), y la figura, tornada problemática y evanescente del autor. Para el observador borgiano, en efecto —ese observador de la literatura, ese lector que Borges personifica de manera ejemplar— este espacio aparece como la condición de posibilidad del hecho literario. Condición de posibilidad que tal hecho — la obra, situada, fechada, signada— se limita a actualizar: para que ocurra, la literatura ha de estar allí, como una reserva, una memoria, un inconsciente del cual la obra necesariamente se nutre, al margen de las intenciones del autor”3
Se indica que la atención puesta en el espacio literario, por sobre las obras que lo actualizarían, explica la predilección de Borges por la cita y el comentario (escritura de notas sobre libros imaginarios). Además se encuentra también en la base de la deconstrucción de la figura del autor, y su sustitución por un juego intertextual que, según Sabrovsky, opera al margen de toda intencionalidad subjetiva y de toda temporalidad, haciendo desaparecer límites entre géneros literarios y su encuadre, bajo la categoría omni abarcante de escritura, borradura que se extiende incluso al privilegio tradicional de la teoría por sobre la ficción.
Con Borges se ejeplifica la sustitución de la temporalidad literaria o historia de la literatura por una configuración espacial. Así, en la Biblioteca de Babel toda diacronía ha sido expulsada - "desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente", nos informa el narrador de la alegoría borgiana, dando lugar a una presencia y disponibilidad desoladoras y absolutas ("la Biblioteca es total"). Esta sustitución —genuina "refutación del tiempo"— legitima el uso del concepto de "espacio literario" en referencia a la estrategia escritural borgiana. Y sólo a partir de su consumación —recién entonces— será posible hacer de la novedad una modalidad del olvido.
Por su parte, en su tiempo Foucault hizo una aproximación crítica a la obra de Blanchot en El pensamiento del afuera (1966) Al respecto, señala que el lenguaje sólo admite la conciencia usurpada por las palabras. Así, cuando se plantea la pregunta sobre ¿qué acontece cuando el hablar se suspende, cuando desaparece el "yo hablo", cuando pulula el silencio dentro de la mente callada? En ese instante, el lenguaje transgrede su interioridad y centellea como derramamiento o murmullo, casi inaudible, en un afuera infinito. En este territorio, el lenguaje es visitante efímero, no conquistador permanente. En el afuera hay un vacío para lo racional; acaso la realidad del silencio que se sustrae al sujeto y su deseo de saber conceptual.
Foucault, en su reflexión espacial del lenguaje, advierte que el ser del lenguaje no aparece por sí mismo más que en la desaparición del sujeto. De tal manera, sugiere que una forma de pensamiento de la que la cultura occidental no ha hecho más que esbozar, en sus márgenes, su posibilidad todavía incierta. Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior sus límites, enunciar su fin, hacer brillar su dispersión y no obtiene más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia en que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas -este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de nuestro saber, constituye para Foucault "el pensamiento del afuera".
Según Foucault, Blanchot sería uno más de sus testigos.
Cuanto más se retire en la manifestación de su obra, cuanto más esté, no ya oculto por sus textos, sino ausente de su existencia y ausente por la fuerza maravillosa de su existencia, tanto más representa para nosotros este pensamiento mismo-la presencia real, absolutamente lejana, centelleante, invisible, la suerte necesaria, la ley inevitable, el vigor tranquilo, infinito, mesurado de este pensamiento mismo4.
Volviendo a las ideas espaciales de Foucault, Jorge Dávila en La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje5 (1999) manifiesta que la definición del pensamiento del afuera expresa que ese pensamiento pretende hacer surgir sus propios límites, como del exterior; aspira enunciar su propio fin, haciendo brillar su dispersión para sólo recoger la ausencia visible. Se trata de un ejercicio del pensamiento, de un ejercicio discursivo que, frágilmente, se sostiene en la trasgresión. La trasgresión entendida como una experiencia que es búsqueda permanente de su propio lenguaje y del espacio que la sostiene.
Foucault, rememorando la escritura homérica, lanzará la hipótesis que anuncia la conexión estrecha entre literatura y lenguaje. Indistintamente se referirá a esbozos ontológicos tanto del lenguaje como de la literatura. El punto de roce de esos esbozos será el fenómeno de auto representación del lenguaje.
"Ulises debe cantar el canto de su identidad, contar su desgracia para alejar el destino que le es dado por un lenguaje anterior al lenguaje. Y él prosigue esta palabra ficticia, confirmándola y conjurándola a la vez, en ese espacio vecino de la muerte, pero encauzándola contra ella, donde el relato encuentra su lugar natural."6
Dávila advierte que ya con Homero, surge la figura del lenguaje reflejándose en sí mismo, como en un "espacio virtual", donde la palabra encuentra su propio eco y donde hasta el infinito el lenguaje puede ya representarse detrás de sí mismo e, incluso, más allá de sí mismo.
La experiencia de la literatura quizás no sea más que el tímido anuncio de una nueva experiencia del pensamiento, la experiencia del afuera. Refiriéndose a los dos principales representantes del cambio en los fenómenos de auto representación del lenguaje –Sade por haber puesto al desnudo al deseo en el murmullo infinito del discurso y Hölderlin– por haber descubierto el subterfugio de los dioses en el defecto de un lenguaje en vías de perderse, depositando la experiencia del afuera.
El pensamiento del afuera se propone, en cuanto experiencia, el juego de sustituir la preeminencia del tiempo que conduce al fortalecimiento de una interioridad donde un sujeto definido se encuentra obstinadamente solo, por la preeminencia de un espacio sólo definido en la experiencia de pensarlo. En la experiencia del afuera habita la desnudez de la palabra, se constituye el lenguaje despojado de su enunciante. El lenguaje, que al ser sólo espacialidad, es la visible desaparición de aquel que habla, liberando su ser de las viejas fábulas del tiempo y el sujeto.
Dávila cree necesario plantearse una necesaria exégesis de la última reflexión de Foucault sobre las modalidades del "arte de decir verdad" en la Grecia clásica. Así podría verse, seguramente con mayor claridad, cómo pudo haberse reformulado su reflexión sobre el lenguaje, la literatura, la experiencia del afuera con toda la riqueza textual que constituye su trabajo después de Las palabras y las Cosas, punto de coincidencia con el fin prematuro de sus reflexiones sobre la literatura. Pero, el regreso a Grecia tal vez refleje el empeño en redimensionar el espacio en que se despliega el pensamiento del afuera, un espacio posible para el propio pensamiento filosófico como originariamente se le ejercía.
Por otra parte, cabe considerar, que en el pensamiento de Blanchot el hablar se entiende como alejamiento de la ilusión comunicativa, (en esto, se aleja de Bachelard) así, las palabras del autor no deben comunicar, sino ser acontecimientos discursivos aislados, sublimes, de ahí los autores-ejemplares que dispone Blanchot en El Libro que Vendrá7.
Para Heinrichs, en su diálogo con Sloterdijk plantea que es en este tipo de pensamiento donde surgen una serie de fetiches, vacío esencial, la falta de sentido, el libro como rayo en la noche del mundo. De tal modo Heinrichs, ve en la teoría de las esferas de Sloterdijk, como se hace frente a este tipo de pensamiento, llevando a cabo una inversión decisiva. Si bien, Sloterdijk, pone en práctica un habla particular, un cierto modo de escritura metafórica, pero en el ámbito teórico, renuncia a todos estos tipos románticos de soberanía solitaria o, dicho de otra manera, busca esta soberanía en formas diádicas mientras aboga por la resonancia y la complementación, no por el aislamiento y la soledad. Su habla, en tal sentido, se constituye en el entrecruce.
Para Sloterdijk cobra sentido el primado de la resonancia (en esto está más cerca de Bachelard y su Poética del Espacio) y el pensar en díadas, estratos, campos, llegando a ámbitos en donde incluso lo monstruoso aparece bajo el signo de la dualidad y no la del disidente solitario enfrascado reflexivamente en su desaparición. No es menor el hecho físico que de Blanchot y su incursión en nuestra cultura visual, solamente se re-conocen dos fotografías de su persona, y por su parte, aparece entendible la exposición mediática de Sloterdijk y su privilegiada relación con diversos medios de comunicación tecno-digitales, cuestión que el mismo reconoce como sus dos programas o hablas, la del filósofo que no renuncia a hacer filosofía y la del profesor, rector comunicador, instalado y reflexionado en el contexto de nuestra última, por ahora, globalización.
Peter Sloterdijk, en Para una Poética General del Espacio, que configura el capítulo tres de la entrevista con Heinrichs, titulada El Sol y la Muerte (2004), sostiene que el objetivo de su obra Esferas (trilogía de Burbujas, Globos y Espumas), es contribuir en alguna manera a disolver la toda poderosa herencia de la metafísica del individuo y de la sustancia a la que todavía siguen aferrándose con éxito las inteligencias humanas.
“…unas ideas que desde hace dos mil quinientos años deslumbran gracias a un espejismo gramatical sobre el llamado núcleo duro de lo real. El pensamiento de la sustancia no ha dejado de seducirnos desde tiempos casi inmemoriales a buscar lo esencial del mundo y de la vida en aquello y solo aquello que se puede aprehender de manera objetiva y aislada, aquello que tiene persistencia material y formal, aquello que en los objetos y estados con los que nos topamos se mantiene inmutable en cuanto que constituye su esencia…”8
Este pensamiento enraizado que revela Sloterdijk, en donde la sustancia es lo que dota de consistencia al mundo en su dimensión más íntima. Así, en el orden de las cosas y en el orden de las palabras domina la misma predilección favorable por lo sólido, idea vinculada a la creencia de que las cosas aisladas, los objetos y personas corporales individuales, forman la espina dorsal de lo real. Esto evidencia, según Sloterdijk que nuestra cultura, en razón de su gramática filosófica aún siga anclada, como en los días de Aristóteles con un punto de vista sustancialista e individualista.
Para Sloterdijk, ni siquiera, el reciente giro en dirección a un estilo de pensamiento funcionalista y cibernético, no escapa del todo de este influjo milenario sustentado por esta filosofía de lo sólido. Así, el credo hardware y el individualismo metafísico son ideas que según Sloterdijk, están más hondamente implantados que todos los discursos que hemos aprendido después, sobre lo inmaterial, los medios de comunicación y lo atractivo de la era informática.
Lo que se propone Sloterdijk, es poner las imágenes de burbujas, globos y espumas en el centro neurálgico de su filosofía para configurar una poética del espacio, sustentada en lo frágil y lo común, arrancando desde un espacio exhalado, poniendo entre paréntesis la predilección por lo sólido, representado por el fetichismo de la sustancia y del individualismo metafísico. En su metafórica, Sloterdijk propone imágenes simples.
“… nos aventuramos a dejarnos llevar por un movimiento en suspenso, como ese niño que sopla en el aire pompas de jabón a partir de un orificio mientras, entusiasmado, sigue con la vista sus propias obras de arte hasta que sus coloridos objetos explotan…” 9
Sloterdijk propone ir más allá del sujeto autónomo y autosuficiente de la modernidad. En su filosofía del espacio o esferología advierte que vivimos y siempre hemos vivido dentro de espacios compartidos, dentro de esferas como mínimo diádicas: placenta/feto; madre/niño; pareja de amantes; amigos íntimos y cómplices; alma/dios que han acompañado a los individuos en las épocas premodernas. Tal sería la condición esencial de nuestro estar- en- el-mundo, parafraseando irónicamente a Heidegger, habitamos siempre un espacio social íntimo, una intimidad compartida.
Sloterdijk realiza una atrevida arqueología poética de lo íntimo: de los espacios nutricios que albergan y entretejen las sutiles telas del alma humana que la unen a las demás y la hacen resonar consigo misma. Son las burbujas duales o polares que exhibe este autor contra la mónada autista, verdadero fetiche ensimismado de la moderna subjetividad. Las burbujas diádicas, triádicas o multipolares son el exterior del interior y el interior del exterior. Son el entretejido extático de los sujetos en el espacio interior común donde se nutren mutuamente aquellos que viven en verdad juntos.
Sloterdijk propone un nuevo y sugerente imaginario antropológico de un espacio siempre compartido, en busca de aquello que la filosofía había aparentemente amortizado: el espacio que habitamos y que habita en nosotros. La metafórica de Sloterdijk resucita aquella dimensión cancelada por la modernidad, a saber: lo envolvente, la climatología anímica, lo atmosférico y deseante, en fin, que urden, tejen, traman, y protegen la intimidad social y compartida de los hombres. La díada primordial de Sloterdijk implica que lo más hondo de uno mismo (el objeto de sus deseos y emociones) pertenece a una esfera de participación radical con/por los otros.
Durante la mayor parte de la evolución humana (hasta la aparición de la escritura), advierte Sloterdijk, la concepción de las ideas privadas aún no tenía ningún apoyo en la experiencia o en el concepto social de espacio."(...) La mayoría de los hombres de la Antigüedad... vivían inmersos en un universo oral expuesto de manera participativa, un universo en el que habría sido completamente improcedente la idea de un alma trascendental o a distancia del "entorno".
El alma del observador sólo surge con la escritura (...) Esta alma no para de recibir visitas. En las culturas primitivas los hombres se imaginaban a sí mismos como seres que contaban continuamente con la posibilidad de una invasión del alma de los otros... Ellos entraban en ti como el lenguaje: a través del oído. Del mismo modo que el gran tema de la era moderna se llama autonomía, el gran tema de las épocas premodernas u orales no es otro que la locura o la posesión; de ahí que, quizás, sea una característica significativa de la posmodernidad el hecho de que el pensamiento retroceda a conceptos relacionados con la posesión extática (...) Esta es la razón de que la cultura de masas vuelva a fantasear con invasores psíquicos o con la dificultad de liberarse de ellos (...) Una situación que, como es natural, Hollywood conoce mucho mejor que la filosofía académica "10.
Luís Castro Nogueira, en su artículo En qué espacio habitamos realmente los hombres (2005), indica que, Sloterdijk (como los niños y los locos) parece decir una verdad de perogrullo, ignorada sistemáticamente por la modernidad ilustrada que alumbró las ciencias sociales: el hombre jamás ha vivido ni puede vivir, aislado como la mónada kantiana, en el tiempo subjetivo del proyecto, de la producción, del desarrollo y del progreso, sino que (muchísimo antes que eso) ha necesitado (y sigue necesitando) crear y recrear espacios compartidos, sin los cuales no existe la cultura humana y en los cuales le va la vida.
Tales espacios para Castro, no se reducen a la materialidad física/ tecnológica de chozas, pueblos, ciudades o imperios, ni tampoco a los tensores discursivos o visuales de la curvatura externa, sino que implican aquellas otras esenciales dimensiones ligadas a deseos, emociones, placeres y complicidades sociales: intercambio de flujos amnioestéticos basados en una (novedosa e increíble) capacidad de fascinación mutua. Capacidad de fascinación (seleccionada en la filogénesis de nuestra especie) que consiste (entre otras cosas) en aprender a desear los deseos de los otros, a emocionarnos con las emociones de los otros y a sentir placer con (los placeres) de los otros: es decir, a fundirnos en/con los otros, convirtiéndonos (en cierto modo) en ellos.
Como sugiere Sloterdijk, siempre hemos vivido (y seguimos viviendo, pese a las apariencias) en burbujas compartidas que incluyen (añadimos nosotros) lugares materiales transmutados por una placenta imaginaria, entretejida por discursos, formas y visualidades, en cuyo seno nos (des)orientamos, plegamos y desplegamos nuestros goces, fantasías, recuerdos y esperanzas, en el ámbito de complejos juegos de poder.
Hoy en día, nuevos discursos o tejidos de relatos constituyen una apropiación del lenguaje en tanto recurrimos a ciertas narrativas para estar en el mundo. Nuestro contacto con mundos virtuales entrecruzados vitalizan de manera distinta la pregunta del dónde estamos. Así, leyendo una novela o viendo una telenovela, es posible sumergirse en Internet para encontrar “el dorado” en nuestras vidas.
En esa construcción de mundo – el pasarse películas, escuchando la música deseada o el canto de sirena delante de nuestras expectativas nos sitúa en la experiencia de escribir y de leernos con otros. Es la otredad la que determina el deseo y su devenir. En este juego, el otro del otro es uno mismo, de tal manera actuamos interpretando o sobreinterpretando nuestra condición humana de un hábitat que sustente la complementariedad anhelada que en el deseo de atrapamiento, de darle alcance, surgen nuevas fisonomías u otras formas o espacialidades que nos mantienen en éxtasis.
El fenómeno del facebook, un espacio virtual con más de ciento diez millones de usuarios, que continúa creciendo por efecto mimético, pone en circulación una serie de narrativas que, en el ejercicio de intercambio de imágenes y textos, similar a la estructura de los cuentos infantiles reinterpretan el pasado de nuestras vidas presentes, vidas en rodaje y en permanente reconfiguración, al menos de manera más evidente y autorrepresentativa en el espacio virtual, constituyendo una suerte de hipertexto.
El acceso a este hipertexto, del cual también es propietario y usuario los servicios de inteligencia o de vigilancia globalizada (sea para fines de mercado o seguridad), refleja una condición de habitabilidad en redes diversas, que con un efecto similar de dispersión que sustentaba Blanchot, favorece un incesante cambio de roles entre escritor y lector, siendo uno mismo lector en pantalla de sus propios textos e imágenes hasta el infinito del comentario en este juego del estar a la espera del otro y su otredad.
Otros hábitat tecno-digitales, como las bolsas electrónicas, al virtualizar nuestro estar en el mundo, factualizan la inestabilidad de quienes buscan afanosamente seguridad, confort, intimidad o privacidad al re-virtualizar su libertad y capacidad de decisión, exponiendo dicha estabilidad fuera de todo cobijo. Las pérdidas de patrimonio económico sufridas por los trabajadores adscritos al sistema de fondos de pensiones en Chile, al igual que los usuarios del sistema hipotecario en EE.UU, no logran resolver esta paradoja espacial de estar tranquilos y seguros esperando un mejor porvenir, que desde la lectura Blanchotiana se desplaza o pospone a la espera de nuevas narrativas en la economía espacial digital o desde la metafórica de Sloterdijk dichos usuarios son expulsados a la helada cósmica al deshacerse tipos de liquidez propios del sólido individualismo metafísico.
La post-metafísica de Sloterdijk, entrega claves sugerentes sobre un pensamiento esférico de estar en el mundo, mientras tanto, en otras hablas emergen nuevos sentidos sobre las propiedades del lenguaje en una era post-literaria, haciendo posible el encuentro hacia delante o hacia afuera y el reconocimiento de otredad devenida en experiencia a la intemperie. Desde este espacio no dicho continuarán su camino a la deriva filosofías y literaturas en la misteriosa nave del lenguaje.
Rolando Garrido Quiroz
Director Ejecutivo NECSO Consultores Internacionales. Gerente de Proyectos de Fundación ASCIENDE. Doctorado en Literatura (a) P. Universidad Católica de Valparaíso. Magíster (c) en Estudios Internacionales, Universidad de Chile. Profesor y Licenciado en Literatura, Universidad Católica de Valparaíso. Diplomado Internacional en Abordaje de Conflictos. Pontificia Universidad Javeriana, Colombia.
Referencias Bibliográficas.
Bachelard, Gaston. La Poética del Espacio. Brevarios FCE, México, 2006.
Blanchot Maurice. El Libro que Vendrá. Monte Ávila Editores, Caracas, 1992.
Castro Nogueira, Luís. ¿En qué Espacio Realmente habitamos los Hombres? Revista de Estudios Sociales No 22. Universidad de Los Andes, 2005.
Dávila Jorge. La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje. Ediciones ULA, Mérida, 1999.
Foucault, Michael. El Pensamiento del Afuera, Pre-Textos, 2005
Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004.
Vásquez Rocca, Adolfo, "Peter Sloterdijk: Normas y Disturbios en el Parque Humano o la crisis del Humanismo como utopía y escuela de domesticación", En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad Complutense de Madrid, Nº 19 – 2008 (I), pp. 293-308, http://www.ucm.es/info/nomadas/19/avrocca.pdf
Vásquez Rocca, Adolfo. Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Editorial Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008. http://revista.escaner.cl/node/1022
Fecha de Recepción: 2 de septiembre de 2008
Fecha de Aceptación: 3 de noviembre de 2008
1 Ponencia leída en el II Seminario "De la Filosofía a la Literatura", Departamento de Artes y Humanidades, Universidad Andrés Bello UNAB (7 de noviembre, 2008)
http://revista.escaner.cl/node/1058
2 Bachelard, La Poética del Espacio. Pág.7.
3 Version Digital: Bosquejo de una Ética para Inmortales.
4 Foucault, Michael. El Pensamiento del Afuera, Pre-Textos, 2005, p. 3.
5 Dávila Jorge. La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje. Ediciones ULA, Mérida, 1999.
6 Homero. La Iliada, p. 251.
7 Blanchot Maurice. El Libro que Vendrá. Monte Ávila Editores, Caracas, 1992.
8 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004, p. 139.
9 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004, p. 140
10 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004.pp. 159 - 160
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 8 / 2009
Resumen
El espacio que se manifiesta entre escritura y lectura es constitutivo de placer, éxtasis, atracción. Tal deseo y anhelo de atrapamiento, de entrecruce efectivo, se distancia o pospone en el juego del lenguaje, en la medida que se dispersa y se convierte en devenir para Blanchot. Asimismo, la metafórica a la que recurre Sloterdijk para referirse a la condición humana de un hábitat que sustente la complementariedad diádica o en comunidades, refleja un efecto similar; quien desee seguridad frente a la exposición, a la incertidumbre, factualiza su propia inestabilidad, inhibiendo su estrategia de hábitat confortable al virtualizar su libertad. Esa condición de desplazamiento, ya sea en El Libro que Vendrá de Blanchot o en las Esferas de Sloterdijk proveen en común, una reflexión sobre el espacio poético o extático como arena del ser, siendo una propiedad del lenguaje la que hace posible el encuentro hacia delante o hacia afuera y el reconocimiento de otredad devenida en experiencia a la intemperie.
Abstract
The space that pronounces between writing and reading is constituent of pleasing, ecstasy, attraction. Such desire and yearning of atrapamiento, of intercross cash, distance or are posponed in the game of the language, in the measurement that disperses and it becomes happening for Blanchot. Also, metaphorical to that Sloterdijk resorts to talk about to the human condition of a habitat that sustains the dyadic complementariness or in communities, reflects a similar effect; who wishes security against the exhibition, to the uncertainty, factualiza his own instability, inhibiting its strategy of comfortable habitat when virtualizing its freedom. That condition of displacement, or in the Book that Will come from Blanchot or in the Spheres of Sloterdijk provides common, a reflection on poetic or extático space like sand of the being, being a property of the language the one that makes the encounter forwards possible or towards outside and the recognition of otredad happened in experience outdoors.
Palabras Claves
Poética, espacio literario, devenir, dispersión, esferas, lenguaje, pensamiento.
Keywords
Poetic, literary space, to happen, dispersion, spheres, language, thought.
La teoría sobre la literatura, la podemos entender como el esfuerzo de aproximarse mediante determinadas prescripciones instrumentales al fenómeno de lo literario como textura especial y espacial, distinta a otras texturas, respecto de la cual, para asumir el objeto de estudio, se requiere de aproximaciones que sitúan distintos focos de atención, intentando dar cuenta de incluyentes o excluyentes abordajes en relación al lenguaje, el texto, el contexto y la función que desempeña el autor, su escritura y lectura.
De tal manera, los lentes, entendidos como prescripciones instrumentales o caja de herramientas, que utiliza el investigador del fenómeno literario, encuadra, restrictiva o panorámicamente su objeto de estudio, según los supuestos teóricos que se adoptan o adaptan. En tal sentido, uno de los enfoques que rompe con la tradición en los estudios literarios de manera temprana es Maurice Blanchot situando su foco de atención en el espacio literario y lo sugerente de sus ideas para reconocer las aproximaciones que hace posteriormente Peter Sloterdijk y su metafórica de la condición humana como una poética del espacio en donde gravita la experiencia realizada como lenguaje y posibilidad de hábitat, cuyo pensamiento versa sobre las situaciones tonales o las relaciones totales microclimáticas en las que los hombres viven, se entretejen y son.
Asimismo, contemporáneo a Blanchot, quien se atrevió a escribir de manera manifiesta sobre la Poética del Espacio fue Gaston Bachelard, quien con su libro homónimo rompe con su propia tradición de abordar la tarea de filosofar adscrito al canon científico. Al respecto, Bachelard en la introducción a su Poética nos plantea que se hace necesario romper con todos sus hábitos de investigación científica si se quiere estudiar los problemas planteados por la imaginación poética. Bachelard concretiza su ruptura advirtiendo:
“Aquí, el culto pasado no cuenta, el largo esfuerzo de los enlaces y las construcciones de pensamientos, el esfuerzo de meses y años resulta ineficaz. Hay que estar en el presente, en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.”2
Para Bachelard la imagen poética tiene una sonoridad de ser, así, el poeta habla en el umbral del ser y, en ese sentido, Bachelard se propone investigar su resonancia, siendo la comunicabilidad de una imagen singular, un hecho de gran significado ontológico.
Para situarse en una poética del espacio, cambia necesariamente el foco de atención del tiempo al espacio, pero, al mismo tiempo, y en el mismo proceso de ruptura, sea para Bachelard, Blanchot o Sloterdijk, cambia en lo fundamental, el habla que hace referencia a este fenómeno, que no se puede sino explicar desde el lenguaje, por tanto, parte del rechazo o demora a comprender en su magnitud una poética del espacio, viene dado por la incapacidad de sintonizar desde la tradición, sea filosófica o literaria la frecuencia en que han transmitido estas hablas y sus diversas tonalidades.
Por su parte, Blanchot nos plantea que el imaginario es anterior a cualquier semiosis, por lo tanto no puede haber oposición. El espacio literario (el libro) evidencia que es la dispersión la que evita que pensemos en opuestos. Para Blanchot, la lengua es un sistema de relaciones espaciales infinitamente complejas cuya originalidad no nos permite recobrar ni el espacio geométrico.
Blanchot se sitúa, antes de que se asumieran las posturas post-estructuralistas, en una poética del espacio con una pretensión pre y post-sígnica, obviamente, recurriendo al lenguaje o, como el último de los malditos, al maldito lenguaje.
Muy posterior al año en que Blanchot publica El Libro que Vendrá, el post-estructuralismo negará el dominio de los signos, dando cuenta de la desmesura del proyecto estructuralista positivista. De tal manera, constatamos, al salir del efecto paradigma saussuriano que el sistema lingüístico se dispersa, no es posible en el habla la convencionalidad del sistema, es decir, no se puede dar cuenta de la naturaleza estable del signo cuando trabaja con sistemas estéticos. Ya lo habían planteado en distintos tonos y focos de atención, tanto los formalistas rusos con su idea de función, Mukarovski desde sus estructuras dinámicas, Lotman y sus propuestas sobre texto artístico y Barthes con su particular concepto de escritura.
El post-estructuralismo pone de manifiesto la naturaleza inestable del signo, introduciendo la idea de sujeto en curso, como discurso no impersonal y autónomo, sino articulado con otros sistemas y procesos subjetivos. El post-estructuralismo se da cuenta que los estructuralistas trabaja con oposiciones de carácter ideológicas. Deshacer las oposiciones requiere de otra forma de trabajar sobre o con los textos. El post-estructuralismo da cuenta cómo las oposiciones se trastocan y se desploman, desplazando lo marginal. La lectura hace volver los detalles marginales para que sigan causando molestia, poniendo en tela de juicio sus sistemas de lógica o callejones sin salida del significado.
Desde esta perspectiva teórica, la escritura se libera de toda lógica, el significado fluctúa, se derrama, se dispersa o atenúa. Derrida habla de diseminación, Blanchot de dispersión. La escritura opera recurriendo a la diferencia, pero hay que considerar que la diferencia no es un concepto en si mismo, no se puede pensar, es el texto el que lo dice, pero no lo puede decir (espacio literario o canto de las sirenas en Blanchot). El texto despliega un excedente, que a su vez se extralimita del significado, resultando evidente en el discurso literario. Asimismo, la aparición del concepto escritura, encierra su diferencia con el de estructura (centro) ya que la escritura pospone, difiere. Así, el acto de la escritura (delirante, caótica) nos libera del poder del logocentrismo.
La idea de espacio literario en Blanchot no ofrece una plenitud, sino una brecha. En su ensayo sobre Artaud subraya la imposibilidad de acercarnos al misterio del lenguaje, es decir, las palabras extraen de las cosas lo sólidamente invisible que es su esencia. La literatura opera con el lenguaje, pero éste niega la inmediatez de las cosas al nombrarlas, al convertirlas en ausencia, por lo tanto, la única manera de alcanzar la ilusión de claridad, sería dando paso al devenir. Las cosas no son, devienen, y en este devenir, están en libertad, en movimiento, el eterno desplazamiento que oculta el misterio del lenguaje y una encrucijada para la literatura, encaminada hacia su mismidad, lo que para él significa, su desaparición. La literatura es enmascaramiento. Así podemos entender el carácter dramático de la literatura, pues nos conduce hacia un horizonte inalcanzable, a un sentido siempre abierto.
El análisis literario no podría tener nunca término, no puede siquiera aspirar a un término, y la escritura misma debe encarnar esta condición abierta, en estado de tránsito, imposible de aprehender, elusiva, en fuga por esta propiedad el lenguaje. Sin embargo, Blanchot insinúa que habría un lugar de encuentro, un espacio, donde la condición abierta de la literatura tendría su posibilidad, esto es, el proceso de lectura. De igual forma, entre el anónimo escritor y el desconocido lector se teje la posibilidad que ofrece el lenguaje de dispersarse. El afán de sentido es lo que cierra toda obra abierta, el afán tan humano de cerrar, de fijar, de establecer una lucha por encontrar una matriz de sentido, un centro que ordene lo que en sí no tiene orden, lo que en sí conlleva multiplicidad de sentidos, pospuesto, escondido hasta desaparecer.
Es en el espacio literario donde se configura la escritura del autor (de hecho ahí vive el mismo) y la lectura, dentro de ese espacio ficticio construido, condición diádica (escritura/lectura) que es puro placer. En el placer no hay sistema, no hay orden, no hay signos. Este placer es inconciente, sin culpas ni reglas. Es atracción peligrosa, indebida, inalcanzable.
En la poética de Blanchot, el espacio para este placer es el espacio ficticio que nos da el libro, con sus propias reglas y valores. Fuera de él no hay autor, no hay lector, no hay nada, páginas vacías hasta que se constituya la experiencia.
Para Sabrovsky, en su Bosquejo para una Ética de Inmortales ejemplifica, con la obra de Borges, la forma en la cual se plasma la idea de espacio literario de Blanchot. Al respecto señala:
“El inmortal" puede ser leído como una parábola sobre la escritura: sobre la relación entre el espacio literario (Blanchot), y la figura, tornada problemática y evanescente del autor. Para el observador borgiano, en efecto —ese observador de la literatura, ese lector que Borges personifica de manera ejemplar— este espacio aparece como la condición de posibilidad del hecho literario. Condición de posibilidad que tal hecho — la obra, situada, fechada, signada— se limita a actualizar: para que ocurra, la literatura ha de estar allí, como una reserva, una memoria, un inconsciente del cual la obra necesariamente se nutre, al margen de las intenciones del autor”3
Se indica que la atención puesta en el espacio literario, por sobre las obras que lo actualizarían, explica la predilección de Borges por la cita y el comentario (escritura de notas sobre libros imaginarios). Además se encuentra también en la base de la deconstrucción de la figura del autor, y su sustitución por un juego intertextual que, según Sabrovsky, opera al margen de toda intencionalidad subjetiva y de toda temporalidad, haciendo desaparecer límites entre géneros literarios y su encuadre, bajo la categoría omni abarcante de escritura, borradura que se extiende incluso al privilegio tradicional de la teoría por sobre la ficción.
Con Borges se ejeplifica la sustitución de la temporalidad literaria o historia de la literatura por una configuración espacial. Así, en la Biblioteca de Babel toda diacronía ha sido expulsada - "desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente", nos informa el narrador de la alegoría borgiana, dando lugar a una presencia y disponibilidad desoladoras y absolutas ("la Biblioteca es total"). Esta sustitución —genuina "refutación del tiempo"— legitima el uso del concepto de "espacio literario" en referencia a la estrategia escritural borgiana. Y sólo a partir de su consumación —recién entonces— será posible hacer de la novedad una modalidad del olvido.
Por su parte, en su tiempo Foucault hizo una aproximación crítica a la obra de Blanchot en El pensamiento del afuera (1966) Al respecto, señala que el lenguaje sólo admite la conciencia usurpada por las palabras. Así, cuando se plantea la pregunta sobre ¿qué acontece cuando el hablar se suspende, cuando desaparece el "yo hablo", cuando pulula el silencio dentro de la mente callada? En ese instante, el lenguaje transgrede su interioridad y centellea como derramamiento o murmullo, casi inaudible, en un afuera infinito. En este territorio, el lenguaje es visitante efímero, no conquistador permanente. En el afuera hay un vacío para lo racional; acaso la realidad del silencio que se sustrae al sujeto y su deseo de saber conceptual.
Foucault, en su reflexión espacial del lenguaje, advierte que el ser del lenguaje no aparece por sí mismo más que en la desaparición del sujeto. De tal manera, sugiere que una forma de pensamiento de la que la cultura occidental no ha hecho más que esbozar, en sus márgenes, su posibilidad todavía incierta. Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior sus límites, enunciar su fin, hacer brillar su dispersión y no obtiene más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia en que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas -este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de nuestro saber, constituye para Foucault "el pensamiento del afuera".
Según Foucault, Blanchot sería uno más de sus testigos.
Cuanto más se retire en la manifestación de su obra, cuanto más esté, no ya oculto por sus textos, sino ausente de su existencia y ausente por la fuerza maravillosa de su existencia, tanto más representa para nosotros este pensamiento mismo-la presencia real, absolutamente lejana, centelleante, invisible, la suerte necesaria, la ley inevitable, el vigor tranquilo, infinito, mesurado de este pensamiento mismo4.
Volviendo a las ideas espaciales de Foucault, Jorge Dávila en La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje5 (1999) manifiesta que la definición del pensamiento del afuera expresa que ese pensamiento pretende hacer surgir sus propios límites, como del exterior; aspira enunciar su propio fin, haciendo brillar su dispersión para sólo recoger la ausencia visible. Se trata de un ejercicio del pensamiento, de un ejercicio discursivo que, frágilmente, se sostiene en la trasgresión. La trasgresión entendida como una experiencia que es búsqueda permanente de su propio lenguaje y del espacio que la sostiene.
Foucault, rememorando la escritura homérica, lanzará la hipótesis que anuncia la conexión estrecha entre literatura y lenguaje. Indistintamente se referirá a esbozos ontológicos tanto del lenguaje como de la literatura. El punto de roce de esos esbozos será el fenómeno de auto representación del lenguaje.
"Ulises debe cantar el canto de su identidad, contar su desgracia para alejar el destino que le es dado por un lenguaje anterior al lenguaje. Y él prosigue esta palabra ficticia, confirmándola y conjurándola a la vez, en ese espacio vecino de la muerte, pero encauzándola contra ella, donde el relato encuentra su lugar natural."6
Dávila advierte que ya con Homero, surge la figura del lenguaje reflejándose en sí mismo, como en un "espacio virtual", donde la palabra encuentra su propio eco y donde hasta el infinito el lenguaje puede ya representarse detrás de sí mismo e, incluso, más allá de sí mismo.
La experiencia de la literatura quizás no sea más que el tímido anuncio de una nueva experiencia del pensamiento, la experiencia del afuera. Refiriéndose a los dos principales representantes del cambio en los fenómenos de auto representación del lenguaje –Sade por haber puesto al desnudo al deseo en el murmullo infinito del discurso y Hölderlin– por haber descubierto el subterfugio de los dioses en el defecto de un lenguaje en vías de perderse, depositando la experiencia del afuera.
El pensamiento del afuera se propone, en cuanto experiencia, el juego de sustituir la preeminencia del tiempo que conduce al fortalecimiento de una interioridad donde un sujeto definido se encuentra obstinadamente solo, por la preeminencia de un espacio sólo definido en la experiencia de pensarlo. En la experiencia del afuera habita la desnudez de la palabra, se constituye el lenguaje despojado de su enunciante. El lenguaje, que al ser sólo espacialidad, es la visible desaparición de aquel que habla, liberando su ser de las viejas fábulas del tiempo y el sujeto.
Dávila cree necesario plantearse una necesaria exégesis de la última reflexión de Foucault sobre las modalidades del "arte de decir verdad" en la Grecia clásica. Así podría verse, seguramente con mayor claridad, cómo pudo haberse reformulado su reflexión sobre el lenguaje, la literatura, la experiencia del afuera con toda la riqueza textual que constituye su trabajo después de Las palabras y las Cosas, punto de coincidencia con el fin prematuro de sus reflexiones sobre la literatura. Pero, el regreso a Grecia tal vez refleje el empeño en redimensionar el espacio en que se despliega el pensamiento del afuera, un espacio posible para el propio pensamiento filosófico como originariamente se le ejercía.
Por otra parte, cabe considerar, que en el pensamiento de Blanchot el hablar se entiende como alejamiento de la ilusión comunicativa, (en esto, se aleja de Bachelard) así, las palabras del autor no deben comunicar, sino ser acontecimientos discursivos aislados, sublimes, de ahí los autores-ejemplares que dispone Blanchot en El Libro que Vendrá7.
Para Heinrichs, en su diálogo con Sloterdijk plantea que es en este tipo de pensamiento donde surgen una serie de fetiches, vacío esencial, la falta de sentido, el libro como rayo en la noche del mundo. De tal modo Heinrichs, ve en la teoría de las esferas de Sloterdijk, como se hace frente a este tipo de pensamiento, llevando a cabo una inversión decisiva. Si bien, Sloterdijk, pone en práctica un habla particular, un cierto modo de escritura metafórica, pero en el ámbito teórico, renuncia a todos estos tipos románticos de soberanía solitaria o, dicho de otra manera, busca esta soberanía en formas diádicas mientras aboga por la resonancia y la complementación, no por el aislamiento y la soledad. Su habla, en tal sentido, se constituye en el entrecruce.
Para Sloterdijk cobra sentido el primado de la resonancia (en esto está más cerca de Bachelard y su Poética del Espacio) y el pensar en díadas, estratos, campos, llegando a ámbitos en donde incluso lo monstruoso aparece bajo el signo de la dualidad y no la del disidente solitario enfrascado reflexivamente en su desaparición. No es menor el hecho físico que de Blanchot y su incursión en nuestra cultura visual, solamente se re-conocen dos fotografías de su persona, y por su parte, aparece entendible la exposición mediática de Sloterdijk y su privilegiada relación con diversos medios de comunicación tecno-digitales, cuestión que el mismo reconoce como sus dos programas o hablas, la del filósofo que no renuncia a hacer filosofía y la del profesor, rector comunicador, instalado y reflexionado en el contexto de nuestra última, por ahora, globalización.
Peter Sloterdijk, en Para una Poética General del Espacio, que configura el capítulo tres de la entrevista con Heinrichs, titulada El Sol y la Muerte (2004), sostiene que el objetivo de su obra Esferas (trilogía de Burbujas, Globos y Espumas), es contribuir en alguna manera a disolver la toda poderosa herencia de la metafísica del individuo y de la sustancia a la que todavía siguen aferrándose con éxito las inteligencias humanas.
“…unas ideas que desde hace dos mil quinientos años deslumbran gracias a un espejismo gramatical sobre el llamado núcleo duro de lo real. El pensamiento de la sustancia no ha dejado de seducirnos desde tiempos casi inmemoriales a buscar lo esencial del mundo y de la vida en aquello y solo aquello que se puede aprehender de manera objetiva y aislada, aquello que tiene persistencia material y formal, aquello que en los objetos y estados con los que nos topamos se mantiene inmutable en cuanto que constituye su esencia…”8
Este pensamiento enraizado que revela Sloterdijk, en donde la sustancia es lo que dota de consistencia al mundo en su dimensión más íntima. Así, en el orden de las cosas y en el orden de las palabras domina la misma predilección favorable por lo sólido, idea vinculada a la creencia de que las cosas aisladas, los objetos y personas corporales individuales, forman la espina dorsal de lo real. Esto evidencia, según Sloterdijk que nuestra cultura, en razón de su gramática filosófica aún siga anclada, como en los días de Aristóteles con un punto de vista sustancialista e individualista.
Para Sloterdijk, ni siquiera, el reciente giro en dirección a un estilo de pensamiento funcionalista y cibernético, no escapa del todo de este influjo milenario sustentado por esta filosofía de lo sólido. Así, el credo hardware y el individualismo metafísico son ideas que según Sloterdijk, están más hondamente implantados que todos los discursos que hemos aprendido después, sobre lo inmaterial, los medios de comunicación y lo atractivo de la era informática.
Lo que se propone Sloterdijk, es poner las imágenes de burbujas, globos y espumas en el centro neurálgico de su filosofía para configurar una poética del espacio, sustentada en lo frágil y lo común, arrancando desde un espacio exhalado, poniendo entre paréntesis la predilección por lo sólido, representado por el fetichismo de la sustancia y del individualismo metafísico. En su metafórica, Sloterdijk propone imágenes simples.
“… nos aventuramos a dejarnos llevar por un movimiento en suspenso, como ese niño que sopla en el aire pompas de jabón a partir de un orificio mientras, entusiasmado, sigue con la vista sus propias obras de arte hasta que sus coloridos objetos explotan…” 9
Sloterdijk propone ir más allá del sujeto autónomo y autosuficiente de la modernidad. En su filosofía del espacio o esferología advierte que vivimos y siempre hemos vivido dentro de espacios compartidos, dentro de esferas como mínimo diádicas: placenta/feto; madre/niño; pareja de amantes; amigos íntimos y cómplices; alma/dios que han acompañado a los individuos en las épocas premodernas. Tal sería la condición esencial de nuestro estar- en- el-mundo, parafraseando irónicamente a Heidegger, habitamos siempre un espacio social íntimo, una intimidad compartida.
Sloterdijk realiza una atrevida arqueología poética de lo íntimo: de los espacios nutricios que albergan y entretejen las sutiles telas del alma humana que la unen a las demás y la hacen resonar consigo misma. Son las burbujas duales o polares que exhibe este autor contra la mónada autista, verdadero fetiche ensimismado de la moderna subjetividad. Las burbujas diádicas, triádicas o multipolares son el exterior del interior y el interior del exterior. Son el entretejido extático de los sujetos en el espacio interior común donde se nutren mutuamente aquellos que viven en verdad juntos.
Sloterdijk propone un nuevo y sugerente imaginario antropológico de un espacio siempre compartido, en busca de aquello que la filosofía había aparentemente amortizado: el espacio que habitamos y que habita en nosotros. La metafórica de Sloterdijk resucita aquella dimensión cancelada por la modernidad, a saber: lo envolvente, la climatología anímica, lo atmosférico y deseante, en fin, que urden, tejen, traman, y protegen la intimidad social y compartida de los hombres. La díada primordial de Sloterdijk implica que lo más hondo de uno mismo (el objeto de sus deseos y emociones) pertenece a una esfera de participación radical con/por los otros.
Durante la mayor parte de la evolución humana (hasta la aparición de la escritura), advierte Sloterdijk, la concepción de las ideas privadas aún no tenía ningún apoyo en la experiencia o en el concepto social de espacio."(...) La mayoría de los hombres de la Antigüedad... vivían inmersos en un universo oral expuesto de manera participativa, un universo en el que habría sido completamente improcedente la idea de un alma trascendental o a distancia del "entorno".
El alma del observador sólo surge con la escritura (...) Esta alma no para de recibir visitas. En las culturas primitivas los hombres se imaginaban a sí mismos como seres que contaban continuamente con la posibilidad de una invasión del alma de los otros... Ellos entraban en ti como el lenguaje: a través del oído. Del mismo modo que el gran tema de la era moderna se llama autonomía, el gran tema de las épocas premodernas u orales no es otro que la locura o la posesión; de ahí que, quizás, sea una característica significativa de la posmodernidad el hecho de que el pensamiento retroceda a conceptos relacionados con la posesión extática (...) Esta es la razón de que la cultura de masas vuelva a fantasear con invasores psíquicos o con la dificultad de liberarse de ellos (...) Una situación que, como es natural, Hollywood conoce mucho mejor que la filosofía académica "10.
Luís Castro Nogueira, en su artículo En qué espacio habitamos realmente los hombres (2005), indica que, Sloterdijk (como los niños y los locos) parece decir una verdad de perogrullo, ignorada sistemáticamente por la modernidad ilustrada que alumbró las ciencias sociales: el hombre jamás ha vivido ni puede vivir, aislado como la mónada kantiana, en el tiempo subjetivo del proyecto, de la producción, del desarrollo y del progreso, sino que (muchísimo antes que eso) ha necesitado (y sigue necesitando) crear y recrear espacios compartidos, sin los cuales no existe la cultura humana y en los cuales le va la vida.
Tales espacios para Castro, no se reducen a la materialidad física/ tecnológica de chozas, pueblos, ciudades o imperios, ni tampoco a los tensores discursivos o visuales de la curvatura externa, sino que implican aquellas otras esenciales dimensiones ligadas a deseos, emociones, placeres y complicidades sociales: intercambio de flujos amnioestéticos basados en una (novedosa e increíble) capacidad de fascinación mutua. Capacidad de fascinación (seleccionada en la filogénesis de nuestra especie) que consiste (entre otras cosas) en aprender a desear los deseos de los otros, a emocionarnos con las emociones de los otros y a sentir placer con (los placeres) de los otros: es decir, a fundirnos en/con los otros, convirtiéndonos (en cierto modo) en ellos.
Como sugiere Sloterdijk, siempre hemos vivido (y seguimos viviendo, pese a las apariencias) en burbujas compartidas que incluyen (añadimos nosotros) lugares materiales transmutados por una placenta imaginaria, entretejida por discursos, formas y visualidades, en cuyo seno nos (des)orientamos, plegamos y desplegamos nuestros goces, fantasías, recuerdos y esperanzas, en el ámbito de complejos juegos de poder.
Hoy en día, nuevos discursos o tejidos de relatos constituyen una apropiación del lenguaje en tanto recurrimos a ciertas narrativas para estar en el mundo. Nuestro contacto con mundos virtuales entrecruzados vitalizan de manera distinta la pregunta del dónde estamos. Así, leyendo una novela o viendo una telenovela, es posible sumergirse en Internet para encontrar “el dorado” en nuestras vidas.
En esa construcción de mundo – el pasarse películas, escuchando la música deseada o el canto de sirena delante de nuestras expectativas nos sitúa en la experiencia de escribir y de leernos con otros. Es la otredad la que determina el deseo y su devenir. En este juego, el otro del otro es uno mismo, de tal manera actuamos interpretando o sobreinterpretando nuestra condición humana de un hábitat que sustente la complementariedad anhelada que en el deseo de atrapamiento, de darle alcance, surgen nuevas fisonomías u otras formas o espacialidades que nos mantienen en éxtasis.
El fenómeno del facebook, un espacio virtual con más de ciento diez millones de usuarios, que continúa creciendo por efecto mimético, pone en circulación una serie de narrativas que, en el ejercicio de intercambio de imágenes y textos, similar a la estructura de los cuentos infantiles reinterpretan el pasado de nuestras vidas presentes, vidas en rodaje y en permanente reconfiguración, al menos de manera más evidente y autorrepresentativa en el espacio virtual, constituyendo una suerte de hipertexto.
El acceso a este hipertexto, del cual también es propietario y usuario los servicios de inteligencia o de vigilancia globalizada (sea para fines de mercado o seguridad), refleja una condición de habitabilidad en redes diversas, que con un efecto similar de dispersión que sustentaba Blanchot, favorece un incesante cambio de roles entre escritor y lector, siendo uno mismo lector en pantalla de sus propios textos e imágenes hasta el infinito del comentario en este juego del estar a la espera del otro y su otredad.
Otros hábitat tecno-digitales, como las bolsas electrónicas, al virtualizar nuestro estar en el mundo, factualizan la inestabilidad de quienes buscan afanosamente seguridad, confort, intimidad o privacidad al re-virtualizar su libertad y capacidad de decisión, exponiendo dicha estabilidad fuera de todo cobijo. Las pérdidas de patrimonio económico sufridas por los trabajadores adscritos al sistema de fondos de pensiones en Chile, al igual que los usuarios del sistema hipotecario en EE.UU, no logran resolver esta paradoja espacial de estar tranquilos y seguros esperando un mejor porvenir, que desde la lectura Blanchotiana se desplaza o pospone a la espera de nuevas narrativas en la economía espacial digital o desde la metafórica de Sloterdijk dichos usuarios son expulsados a la helada cósmica al deshacerse tipos de liquidez propios del sólido individualismo metafísico.
La post-metafísica de Sloterdijk, entrega claves sugerentes sobre un pensamiento esférico de estar en el mundo, mientras tanto, en otras hablas emergen nuevos sentidos sobre las propiedades del lenguaje en una era post-literaria, haciendo posible el encuentro hacia delante o hacia afuera y el reconocimiento de otredad devenida en experiencia a la intemperie. Desde este espacio no dicho continuarán su camino a la deriva filosofías y literaturas en la misteriosa nave del lenguaje.
Rolando Garrido Quiroz
Director Ejecutivo NECSO Consultores Internacionales. Gerente de Proyectos de Fundación ASCIENDE. Doctorado en Literatura (a) P. Universidad Católica de Valparaíso. Magíster (c) en Estudios Internacionales, Universidad de Chile. Profesor y Licenciado en Literatura, Universidad Católica de Valparaíso. Diplomado Internacional en Abordaje de Conflictos. Pontificia Universidad Javeriana, Colombia.
Referencias Bibliográficas.
Bachelard, Gaston. La Poética del Espacio. Brevarios FCE, México, 2006.
Blanchot Maurice. El Libro que Vendrá. Monte Ávila Editores, Caracas, 1992.
Castro Nogueira, Luís. ¿En qué Espacio Realmente habitamos los Hombres? Revista de Estudios Sociales No 22. Universidad de Los Andes, 2005.
Dávila Jorge. La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje. Ediciones ULA, Mérida, 1999.
Foucault, Michael. El Pensamiento del Afuera, Pre-Textos, 2005
Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004.
Vásquez Rocca, Adolfo, "Peter Sloterdijk: Normas y Disturbios en el Parque Humano o la crisis del Humanismo como utopía y escuela de domesticación", En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad Complutense de Madrid, Nº 19 – 2008 (I), pp. 293-308, http://www.ucm.es/info/nomadas/19/avrocca.pdf
Vásquez Rocca, Adolfo. Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Editorial Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008. http://revista.escaner.cl/node/1022
Fecha de Recepción: 2 de septiembre de 2008
Fecha de Aceptación: 3 de noviembre de 2008
1 Ponencia leída en el II Seminario "De la Filosofía a la Literatura", Departamento de Artes y Humanidades, Universidad Andrés Bello UNAB (7 de noviembre, 2008)
http://revista.escaner.cl/node/1058
2 Bachelard, La Poética del Espacio. Pág.7.
3 Version Digital: Bosquejo de una Ética para Inmortales.
4 Foucault, Michael. El Pensamiento del Afuera, Pre-Textos, 2005, p. 3.
5 Dávila Jorge. La Literatura: Camino hacia el Ser del Lenguaje. Ediciones ULA, Mérida, 1999.
6 Homero. La Iliada, p. 251.
7 Blanchot Maurice. El Libro que Vendrá. Monte Ávila Editores, Caracas, 1992.
8 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004, p. 139.
9 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004, p. 140
10 Sloterdijk, P. y Heinrichs, HJ. El sol y la muerte. Madrid: Siruela. 2004.pp. 159 - 160
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 8 / 2009
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